Rafael Luzero
20 de marzo de 2026
Más de 200 personas se reunieron del 13 al 15 de marzo en Bezas, en Teruel, para participar en el I Encuentro de Escalada por Palestina, una cita organizada por Climbers for Palestine Spain junto al propio pueblo. Lo que podía haber sido una reunión pequeña entre escaladores comprometidos terminó convirtiéndose en una experiencia colectiva mucho más amplia: un fin de semana de deporte, pensamiento crítico, convivencia y apoyo mutuo que desbordó las expectativas de asistencia y participación.
La dimensión audiovisual también tuvo un peso importante en el evento. La proyección de Never Stop Climbing, impulsada por Wadi Palestine Organisation, y de Resistance Climbing, de Andrew Bisharat, acercó al público la vida cotidiana en el territorio ocupado y puso imágenes a muchas de las reflexiones compartidas durante el fin de semana. Más de un centenar de personas acudieron a las charlas y proyecciones celebradas en el cine municipal, cedido por el Ayuntamiento. La afluencia fue tal que hubo que improvisar asientos auxiliares y muchas personas siguieron las intervenciones sentadas en el suelo. El lleno fue absoluto.
La acogida del encuentro fue una de las señales más claras de su impacto. Lidón Soriano, de BDS Deportivo, RESCOP y Yala Nafarroa por Palestina, resumió el ambiente vivido como una experiencia “brutal y necesaria”, marcada por la organización, la asistencia y una energía colectiva que, según explicó, convirtió el fin de semana en un espacio de aprendizaje, comunidad y ganas de hacer cosas en común.
Pero el encuentro no se quedó solo en las paredes y en las conversaciones. También hubo talleres de serigrafía y yoga, pensados para aterrizar lo compartido desde lo práctico y lo cotidiano, además de un mercadillo solidario con la participación de más de 20 proyectos y marcas. El dinero recaudado fue destinado íntegramente a Wadi Palestine Climbing y a la Palestine Red Crescent Society, reforzando así el vínculo entre la cita de Bezas y las iniciativas de apoyo sobre el terreno.
Para muchas de las personas asistentes, uno de los rasgos más singulares del evento fue precisamente esa mezcla entre comunidad escaladora y vida de pueblo. Alex, de Never Stop Climbing, destacaba que no es habitual ver en España una propuesta así dentro del mundo de la escalada: un encuentro capaz de atraer a gente que entiende la montaña no solo como lugar de disfrute, sino también como altavoz para mirar de frente realidades que interpelan a todos.
La implicación de Bezas fue, de hecho, uno de los grandes aciertos de la cita. La colaboración entre la comunidad local y las personas llegadas desde distintos puntos del Estado generó vínculos poco frecuentes en este tipo de encuentros y acercó la escalada a la vida cotidiana del municipio. Desde la Comisión de Fiestas, Bea celebró la oportunidad de conocer a gente de otros lugares y puso en valor la calidad humana de quienes participaron. En la misma línea, el alcalde, Manolo, subrayó el buen ambiente y la tranquilidad con la que transcurrió todo el fin de semana. Puri, vecina del pueblo que asistió a todas las charlas, habló de una experiencia profundamente emotiva y de la importancia de que un pueblo pequeño haya sido capaz de acoger algo así.
El eco del encuentro alcanzó también a los más pequeños. Adrián, de 9 años, lo resumió con una frase sencilla y rotunda: había sido divertido compartirlo con amigos y familias, y lo habían hecho “para proteger a los de Palestina”. En esa naturalidad cabe probablemente una de las claves del fin de semana: convertir la solidaridad en algo compartido, cercano y vivido en común.
Tras esta primera edición, el I Encuentro de Escalada por Palestina deja la sensación de haber abierto un camino propio. No solo por la respuesta de asistencia, sino por haber demostrado que la escalada también puede ser un lugar desde el que pensar el mundo, tejer alianzas y sostener causas justas desde lo colectivo. En Bezas, durante tres días, la roca fue también conversación, conciencia y apoyo mutuo.