Domingo, 12 de abril de 2026 – Javier Silvestre
“El juez inadmite el recurso presentado contra el acuerdo favorable al derribo de la Cruz de Bezas”, rezaba un titular ayer en este diario. Traducido para que lo entendamos: las dos personas que habían recurrido el derribo no tienen “interés legítimo directo” para oponerse a la decisión de la Asamblea Vecinal del Concejo Abierto del Ayuntamiento de la localidad turolense.
¿Y por qué? El magistrado aplica estrictamente la ley y deja fuera a los dos demandantes. Al primero, un tal José Ignacio R., porque, aunque es natural del municipio ya no vive allí y, según el juez, no se va a “ver afectado” en mayor medida que el resto de ciudadanos de Bezas por el derribo de la cruz. Al segundo, el líder de Vox en Aragón, Alejandro Nolasco, le dice que no puede recurrir por el mero hecho de ser un cargo público. Y le recuerda a su formación política que “un grupo parlamentario no tiene conexión directa con el acto municipal”.
La lógica judicial nos permite adivinar que el siguiente paso será levantar las medidas cautelares que paralizaron el derribo y permitirlo tras un año de polémica. Mientras tanto, el departamento de Medio Ambiente del Gobierno de Aragón ha reparado el monumento (que se había resquebrajado por la caída de un rayo dejando al descubierto partes metálicas) y nadie sabe qué va a pasar ahora.
Estamos a un año de las elecciones municipales. El Ayuntamiento de Bezas está gobernado actualmente por el PAR, que consiguió 30 votos hace tres años. El PP obtuvo 21 y el PSOE sólo 1. Les añado otro dato: la decisión de derribar la cruz se tomó en una Asamblea Vecinal del Concejo Abierto en la que 33 personas votaron a favor y una se abstuvo. Es decir, que la mayoría es más que sólida. Pero en un año han pasado muchas cosas y la cruz de Bezas va a ser motivo de disputa política durante los próximos meses (si no la derriban antes, claro).
Con el PAR en concurso de acreedores, sus resultados electorales en Bezas pueden resentirse (aunque no excesivamente). Sin embargo, la utilización de todo este asunto por parte de Vox en su campaña electoral abrirá un debate que irá mucho más allá de este caso concreto. Porque, al final, a unos y a otros les interesa que exista una polémica que obligue a posicionarse sobre cuestiones mayores que poco tienen que ver con el caso en concreto de la cruz de Bezas. Porque aquí el tema es mucho más sencillo.
Son los técnicos del Servicio Provincial de Medio Ambiente del Gobierno de Aragón los que redactaron el informe que recomendaba derribar la cruz de Bezas tras la caída de un rayo en septiembre de 2024. Los técnicos y no los políticos. Y las conclusiones se remiten al Ayuntamiento que, como hemos visto ya, lo somete a votación de los propios vecinos del municipio. No lo decide el alcalde, ni los concejales (que no existen en Bezas). Lo deciden los bezanos.
Es cierto que derribar la cruz es, por así decirlo, la solución fácil. No sé si la labor de los mismos técnicos que redactan el informe también consiste en proponer otras soluciones más allá de la demolición. Se habla de instalar un pararrayos cerca, de trasladar la cruz, de aislarla de alguna manera… Lo cierto es que nadie ha querido buscar una alternativa real al problema, y se ha dedicado más tiempo a cuestionar si hay una persecución contra los símbolos cristianos en nuestro país.
Haré como el magistrado y no entraré a valorar el fondo del asunto (que lo tiene, y mucho). Pero sí les digo que en este tema, los únicos que tienen voz y voto legalmente son los ciudadanos de Bezas y nadie más. Los que quieran salvar la cruz que hagan pedagogía entre los propios bezanos y que planteen una nueva votación en el Concejo Abierto para revertir el resultado de la anterior. El resto es utilizar una decisión (acertada o equivocada) de la mayoría vecinal para montar un debate ideológico que únicamente busca, no se engañen, arañar votos.